
Me gusta escribir poemas a cuatro manos y después ver qué sucede y cuál es el resultado. No se trata propiamente de un cadáver exquisito o del ejercicio vanguardista tipico de la escritura automática. Es un ejercicio en el cual los dos sujetos nos empeñamos en "producir" buenos versos, palabras apenas salidas de la inspiración existente generalmente en las horas de la noche, pues sólo ella logra ejercer en el poeta el verdadero sentimiento delirante, agobiante y poético propio de las grandes leyendas. Ahora bien, cabe anotar que por lo general dicho producto surge gracias al empleo exesivo del mensajero instantáneo (msn), en cuyas ventanitas tiendo a pescar a mis co-autores de versos. Posteriormente, tomo la conversación y me dispongo a eliminar los subnombres (nicks) y a darle paso exclusivamente a los versos. (Todo ello dispuesto, evidentemente, en el word). De ese modo, colecciono archivos de poemas en carpetas debidamente tituladas con el nombre del poeta-chateador y, por supuesto, le envío automáticamente dicha producción al mismo.
Con todo lo anteriormente expuesto no pretendo hacer publicidad de esos paradigmas postmodernos, tecnológicos y "activo-pasivos" de la nueva literatura interactiva. Se trata únicamente de observar la manera como noche a noche cada "contacto" quizás poético, logra sorprenderme, ya que en tiempos actuales la poesía es de muchos, si se quiere de todos.
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