LITERATURA LIGHT, ¿LA INÚTIL O LA IMPRESCINDIBLE?
Pretendiendo establecer una conversación, un hombre me preguntó qué estudiaba. Sabía que la respuesta causaría sorpresa, pues desde tiempos remotos si usted no parece hippie, intelectual o bohemio definitivamente hace parte de los aterrizados de la sociedad. Al comentarle que estudiaba Literatura y luego de que me preguntara eso para qué me servía, me pareció aún más indignante que me dijera si había leído Quién se ha llevado mi queso. Ante mi ignorancia le dije que no, insinuando con amabilidad que aún no había tenido el gusto. Así que emprendí la búsqueda de tan enigmático libro y comprendí que una vez más se trataba de un libro típico de Literatura Light.
Establecer ciertos parámetros que permitan comprender en qué se diferencian estos textos con la Literatura, la verdadera, la seria, al menos la que yo aprendo o intento aprender, no es del todo fácil (hoy en día el término “Literatura” sí que es ambiguo). En un país como Colombia donde es evidente la carencia cultural y la limitación intelectual, se ha reducido en un gran porcentaje el público lector literario, mientras que aumenta con mucha fuerza el público lector. Me refiero básicamente a que usted encuentra cada día con más frecuencia vendedores de libros en los semáforos. Estos no son necesariamente La divina comedia o El Quijote; se trata de los libros de superación personal (tan necesarios en un medio que necesita en todo sentido superarse, eso sí se entiende). Encontrará las vivencias de los ex secuestrados, las confesiones de algún bandido, las presentadoras que con grandes tetas tuvieron paraíso, se metieron con los sapos del cartel y posteriormente se hicieron prepago, o en su defecto, las biografías de los cantantes de música popular. Esto es lo que se lee en Colombia.
Las cifras indican que Colombia es uno de los países con menor porcentaje de público lector. En cambio yo considero que se lee mucho, en demasía, ya que ahora es mayor el acceso a textos de todo tipo lo cual posibilita un alto número de lectores a pesar de que actualmente ya no escriba sólo una élite letrada.
Esto explica que debido al desarrollo de la industria editorial los textos literarios se hicieron más accesibles (lástima que esa misma industria actualmente esté perdiendo su verdadero sentido y publique por publicar). Basta con ver en los buses, en las salas de espera, en las cafeterías. Basta con ver simplemente una carátula que diga por ejemplo La culpa es de la vaca, para comprender que en Colombia sí se lee.
¿Y quién está detrás de esa caratula? Un colombiano. Un ser bombardeado por unos medios de comunicación muy pretensiosos y mediocres, un ser ignorante en medio de su ingenuidad que cree que puede llegar a culturizarse a través de estos textos. Un ser que vive en Colombia, por tanto se sabe que tiene problemas, que su vida no es fácil pero que gracias a frases como “¡eres un triunfador, la vida es bella, el secreto es desear el éxito!”, etc, logra sobrellevar su insustancial vida. Y no quiero que esto parezca excluyente, pues no es una cuestión de clases sociales o intelectuales. Es paradójico pero tuve la posibilidad de oír a una mujer adinerada y de respetabilísima alcurnia que contaba que había leído un libro de Isabela Santodomingo, (sí, la actriz experta en criticarle la celulitis a las reinas), llamado Los caballeros las prefieren brutas donde gracias a su muy inteligente teoría: “Los hombres no saben que ninguna mujer es realmente bruta; nos hacemos las brutas, que es muy distinto”, ella podía llevar tranquilamente una relación con su pareja, además aseguraba que gracias a los consejos leídos en el libro podía descubrir si le eran infiel y cómo superarlo. Bueno, esa es la contribución de Isabela que muy cómicamente colabora con el género y no sólo pretende que las mujeres se hagan las brutas (¡qué divertido engañar a los hombres!) sino publicar un librito con su nombre para que Colombia vea que no sólo sirve para presentar chismes sino que su caballero no la prefirió en balde. Y sin embargo, libros como este o como uno titulado Por qué los hombres aman a las cabronas, que se ha convertido en la Biblia de muchas mujeres rechazadas por los hombres, le aconseja a las lectoras a través de unos principios o reglas seriamente enumerados, sabias enseñanzas como: “Si él te hace sentir insegura, deja que tu inseguridad te guíe.” o “No temas decir lo que piensas o defenderte. No sólo ganarás su respeto. En algunos casos hasta se sentirá excitado.” He intentado comprender si estas mujeres quieren implantar el feminismo (erróneamente), justificar sus fechorías, dominar a sus maridos o asustar a las amantes de los mismos, yo no sé. Yo sólo sé que aunque parezca ridículo hay lectoras que creen que esto es Literatura, al menos la mujer adinerada aquella así lo sostenía (pobre Simone de Beauvoir). Estos son algunos de los ejemplos de libros pertenecientes a la Literatura Light. Libros que a mi modo de ver no es que no deban existir. Todo ser humano es libre de escribir lo que quiera aunque considere que es muy bueno y a pesar de que la crítica literaria afirme lo contrario. Lo malo es que textos de este tipo sean considerados literarios, sean expuestos en las librerías junto a los diálogos de Borges, sean realmente catalogados por los colombianos como simples libros, textos sin distinción a los cuales se acude para entretenerse y sentirse más culto y más humano, elementos mercantiles simplemente objetos: dos portadas, algunas hojas, letra negra, gordo, amarillo, viejo, en él están las páginas de La Iliada o las de El Alquimista.
Lamentablemente el hecho de que exista esta garrafal confusión entre lo light y lo literario no es solamente producto de los medios, principalmente televisivos que gracias a sus telenovelas implementan las ventas de los libros. Aquí ha desempeñado un papel fundamental el campo editorial que para sobrevivir a la crisis debe publicar miles de ejemplares de esos textos y gracias a pautas publicitarias convencer a los clientes de comprarlos, creando así un público lector facilista, acostumbrado a hallar en los textos medios que lo ayuden a solucionar su vida personal, a entretenerlo y a asegurarle que va por muy buen camino en el campo literario.
No quiero pertenecer a este juego. No quiero ver más en los volantes las frases “Novedades literarias” y allí la cara del último liberado o extraditado. No quiero ver más en las secciones de farándula de los noticieros que tienen una noticia lamentable para la Literatura Universal, pues murió Corín Tellado. Sí, ha de ser triste para sus lectores, aquellos que seguían su escritura. Es esta escritura la misma que utilizan para producir Condorito, para mentir en los diarios, para firmar un tratado, para elaborar un discurso, para componer un vallenato, la misma escritura que aprendimos con el lápiz en el kínder, la que puede ser chueca o bonita, en negro o azul, a mano o a computador, y que a algunos maestros les ha servido como medio para deleitarnos con sus letras, así como a algunos malvados les ha sido útil para cometer atrocidades. Aprendamos a distinguir entre género y acción. Tampoco quiero ver que sumado a este infortunado error se hable de escritor o autor para referirse de igual manera a Shakespeare que al del Código Davinci de cuyo nombre no quiero acordarme, y cuya escritura no quiero que vuelvan a suponer que leo. Por ahora, me iré a leer algo de Abad Faciolince, que si bien algunos compran por curiosidad, ya que es el escritor más vendido de la Feria, no es simple escritura, es decir, no es Literatura light.
PILAR GARCÍA
No hay comentarios:
Publicar un comentario