sábado, 10 de diciembre de 2011

POEMA SIN PALABRA


Queda la palabra Yo. Para esa,
por triste, por su atroz soledad,
decreto la peor de las penas:
vivirá conmigo hasta
el final. (M.M.C)


Asesino algunas palabras como María Mercedes Carranza porque sobran y se esfuman diluyendo sus letras en enormes cristales de agua con gas, porque están teñidas del color de sangre que el brazo inhumano emplea para callar y el humano para combatir y hacer la resistencia. Ella condenó, mató, fulminó, fusiló y envenenó a las palabras porque a veces los significados y los símbolos parecen reclamar la opresión para no prostituirse. Tal vez para mantenerse en su estado más puro estas prefieren beber la cicuta para morir vilmente y quedar enterradas en la eterna soledad del tiempo, por eso Amistad, Amor, Libertad, Fé, Fraternidad y Yo, son tan sólo memorables recuerdos de ataño que sucumbieron ante la injusticia de la poesía.

Ya hacía tiempo que Alejandra había sentenciado para ellas un poco de justicia, entonces las puso a hacer el amor y no la ausencia. No importaba que debieran encerrarse en jaulas como pájaros, cubrirse de cenizas y esconderse del sol, estas finalmente renacerían en el tiempo. Pero entonces la Postmodernidad renunciaría a respetarlas, y nunca más renacerían las palabras ni los pájaros para Alejandra, así como para María Mercedes jamás pudo liberarse la Patria o establecérsele el último suspiro de Paz en las entrañas, suspiro cuyo nombre bien pudo ser Agonía.

Gabriela Mistral, mucho más consciente y humana, las defendió de la ignominia, las comparó con el beso cuyos labios ya estaban en capacidad de pronunciarse, maldecir, hacer silencio e inventar. Besos profundos que como las mismas palabras se perderían algún día en el viento.

Alfonsina fue más precisa y las unió para no dejarlas solas, quizás temiendo a la Soledad y al Cansancio decidió juntar dos palabras para siempre, términos que jamás podrían ir separados porque un Te nunca sería lo suficientemente autónomo sin un Amo, de lo contrario ambos padecerían la irremediable ausencia del otro. Entonces la poeta confesó que el éxtasis de la palabra le permitía cortar estrellas con sus dedos de tijera, dedos mismos que imprimieron en el papel mojado por el agua del Mar de Plata aquel último verso que sí se salvaría del suicidio.

Y así, Peri Rossi se preguntó si es que ya no había nada qué decir, Silvina prefirió entenderse con los delfines y acudir a su lejano lenguaje, y Rosario Castellanos prefirió colgarles un fusil para ponerlas a defender a la Justicia.

Entonces yo, intento recoger las pocas palabras que ha dejado a su servicio la poesía, palabras puramente contaminadas por el óxido de nuestros días, y juego con ellas, las acabo, las contrapongo, las escupo, las inhalo, las leo, las contagio, las toco, las ensucio, las fumo, las vuelvo a ensuciar y las escribo en el papel que se va decolorando, pues por estos días el lenguaje se está despidiendo como si fuera una estrella titilante de dolor, un astro agonizante de pena. La pluma ya no escribe, el silencio ha cubierto a la poesía, el gran suicidio de las Letras irrumpió en el arte para que el Hombre recree lo que ya no existe. Compañeros, ha nacido nuevamente el poema.

M. del Pilar G.

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